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Las hernias/
Literatura de izquierda, Damián Tabarovsky
Los Inrockuptibles, julio de 2004

El doblete

Uno debería hacer lo posible para que Las hernias le gustara. Es entretenida, graciosa, se lee de un tirón; es inteligente, veloz —es sabido que los atributos de los buenos libros son también aplicables a los autos, y que autos y libros son como espejos: si se mira en ellos un mono no va a reflejarse un apóstol. La historia que se narra en Las hernias es la de una estafa genial, que haríamos bien en poner en práctica sin muchas vueltas, para solaz del espíritu y del cuerpo. Pero el hecho es que además de ser una novela es algo así como un grito de guerra. Para Tabarovsky, como para Gombrowicz, la literatura es un arte bajo, una víbora que se arrastra y porta un veneno, ácido que corroe. El hecho es que seis años después de Kafka de vacaciones Tabarovsky entró a la cancha, como se dice, con los tapones de punta. Y a modo de sustento teórico, apoyo logístico o pista de aterrizaje para la llegada de esta nueva novela, el autor también acaba de lanzar Literatura de izquierda, una recopilación de ensayos —varios ya publicados en distintos medios—, en los que intenta delinear el perfil de la única literatura a la cual se puede rendir cierta pleitesía, esa literatura que sospecha de todas las convenciones, incluidas las propias, y que no busca inaugurar un nuevo paradigma. Esa literatura sin público, a la que no le importa ni la crítica, ni la circulación en el mercado, ni la posteridad, ni las tesis de doctorado. Una literatura cuya única preocupación es el lenguaje. Esto lo lleva a desechar tanto la "literatura de la convertibilidad" (la cara visible del mercado literario de los '90), como la de los jóvenes serios" (los rigurosos, los sobrios y potables: la sensatez como valor literario supremo).
"Sucede que la literatura se opone al libro", dice Tabarovsky en Literatura de izquierda—, "pero leído por nadie. La escritura y el libro se oponen porque sobre ellos operan poderes diferentes. Sobre la escritura influyen la indiferencia, el cansancio, el exceso. Sobre el libro, la tapa, el comentario, la circulación. Cuando el escritor deja como herencia un decálogo en el que dice 'nadie escribe para no publicar. Es mentira que a uno no le importan ni la crítica ni la opinión de los lectores', es porque hace tiempo que abandonó el juego de la escritura. Ese escritor es meramente un publicador de libros." Para Tabarovsky gran parte de la literatura argentina contemporánea tiene tan claro lo que quiere decir "que a veces es más interesante mirar televisión". Puesta al servicio de la eficiencia, esa literatura fracasa "porque trata al lenguaje como a una especie de empleado doméstico, y pierde de vista que el lenguaje no es el empleado, sino el patrón. Y frente al patrón, siempre, hay una sola salida: la lucha de clases."
Ya no hace falta inventar historias. Las hernias es la muestra palpable de esa literatura de izquierda para la cual lo único que vale la pena es discutir los presupuestos estéticos.